En época de elecciones hay que detenerse un poco en ciertas materias, en ciertos puntos que hacen que nuestra democracia, no sea lo representativa e igualitaria que cualquier país con un mínimo de sentido cívico quisiera. El sistema binominal es uno de estos.
A través de la Ley Orgánica Constitucional de Votaciones Populares y Escrutinios, Nº 18.700, dictada por la Junta Militar de Gobierno, en mayo de 1988, quedó en nuestro país un legado difícil de superar, una eterna promesa que ninguno de nuestros candidatos ha podido cumplir, una inmensa valla en lo que se refiere a los poderes del pueblo frente a sus representante.
Pero, ¿Qué es el sistema binomial? En términos simples, es un mecanismo de elección donde se elaboran lista de candidatos que deben tener sólo dos postulantes al cargo como máximo.
En caso que la lista más votada obtenga el doble de votos que su más cercana competidora, elige a sus dos candidatos. Por el contrario, si no alcanza a obtener el doble de votos que la segunda lista más votada, obtienen un cargo cada una de ellas.
En términos simples, votamos por lista y coaliciones, y no por personas.
Como igual es difícil de entender doy un ejemplo, fue en la elección de 1989, por el cargo de senador por el distrito Santiago Poniente, donde salieron electos Andrés Zaldivar y Jaime Guzmán. Cual es el punto, que también postulaba para ese cargo, nuestro ahora presidente, Ricardo Lagos, quién no pudo salir como senador, aun cuando salió en segundo lugar de las votaciones, porque entre el y su compañero de lista, Andrés Zaldivar, no doblaron los votos de la siguiente lista en competencia que era el Pacto por Chile, donde estaban como candidatos Jaime Guzmán y Miguel Otero.
Ahora, ¿Qué hubiera pasado si entre Zaldivar y Lagos doblan al otro pacto, pero uno de ellos termina en tercer o cuarto lugar de las votaciones? Simple, igualmente salen los dos como candidato en desmedro de los que sacaron mayor número de votos. Ese el tema del sistema binominal, una forma arbitraria y poco democrática de elegir a nuestros representantes, donde no se considera, ni respeta la voluntad de la gente.
Ahora, gracias a este sistema existen otros puntos no menores, como la repartición de fondos eleccionarios de acuerdo a la cantidad de votos obtenidos, lo que lleva a dejar a candidatos de partidos con escasa difusión, sin los medios para publicitar sus candidaturas, y representar a quienes los siguen por consiguiente.
Sigamos avanzando. ¿Porqué no se ha podido derogar esta absurda ley constitucional, siendo que otras ya han sido derogadas o modificadas? Fácil, debido a la férrea oposición de partidos que por lo general sacan resultados eleccionarios que los sitúan en los dos primeros lugares de votos. ¿Qué partidos? Por lo general son sólo dos, la UDI y la Democracia Cristiana, que a través de sus honorables, se han negado sistemáticamente a modificar un sistema, que según ellos al ser dos de los partidos más votados no les afectaría, pero si mermaría la representación popular.(PLOP! Ese argumento ni a mi me queda claro)
Ahora, ¿Quién es responsable de todo esto? Todos nosotros, los que votan, los que no votan, los partidos, el gobierno, nuestros representantes, etc. Ninguno de nosotros hemos podido ayudar de nuestra manera y bajo nuestra libre opción a derogar este tipo de fraude electoral.
Por lo mismo, y dejando de lado mi característica irreverencia, hago un llamado de conciencia, a todos los involucrados. Esto debe cambiar. Sólo así nos podremos empezar a considerar un país en vías de desarrollo (considerando que la cultura cívica es un ítem importante para ser desarrollado). Les dejo la reflexión.

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