Terminó su periodo Ricardo Lagos.
Dejó la presidencia y claro, ahora otra historia se comienza a escribir en los libros de nuestra historia. Una que habla de la primera Presidenta mujer de Sudamérica, una que nos muestra una hoja en blanco que debe comenzar a ser llenada con tinta.
Se fue Lagos, sí, y a grandes rasgos podríamos decir que fue un buen gobierno. Se cometieron muchos errores, no se cumplieron con los planes de gobierno trazados en un comienzo, hubieron grandes fallos en educación, distribución de ingresos, salud y una serie de cosas más, pero a fin de cuentas tenemos un Chile más vivo, menos opaco y tal vez con mayores libertades y eso sin lugar a dudas se agradecerá siempre.
Ahora, lo que desconcierta es la suerte de endiosamiento de la figura del Ex Presidente, el tipo ahora esta en el nirvana, en un paraíso donde muchos lo han elevado, y eso choca.
Creo que cuando a uno se le encomienda un mandato, está dentro de las obligaciones mínimas hacerlo bien, no hay otra opción, para eso se contrata a una persona y se le paga, y cuando se cumple con eso, se le da las gracias, se le hace un lindo homenaje y se le felicita con orgullo, pero no da para más.
No da para especiales planfletarios en medios de prensa (Dos canales de televisión y un diario alternativo y oficialista que se las da de irónico, son los casos más palpables y patéticos), no da para llantos, ni para bajarse los pantalones, mucho menos da para hacer sacrificios públicos.
Somos divertidos los chilenos. Algo bipolares creo yo.
¿Qué pasaría si mañana se le prueban las responsabilidades legales por alguno de los casos MOP?
Sin lugar a dudas, parte de las personas que prendían velitas a Lagos, ahora lo demonizarían, dirían hipócritamente que ellos siempre supieron que el tipo era turbio y hacía cosas oscuras, se lanzarían en picada contra este personaje que del edén bajó al peor de los infiernos.
Hay que tener mucho cuidado.
Al Ciudadano Lagos se le encomendó una misión, y la cumplió. Dejó bien parado a Chile en donde estuvo, nunca dejó que nos pusieran el pie encima, fue una persona consecuente aun cuando su carácter lo traicionará, y si bien erró mucho, nos entregó un país más colorido (y más desigual también).
Por lo mismo se le dan las más sinceras gracias, le decimos que lo recordaremos con cariño, que sin lugar a dudas ocupará un espacio importante en los libros de historia de nuestro Chile, y que por momentos nos sentimos muy orgullosos de él, pero nada más, sin endiosamientos, sin circos patéticos, sin bajarse los pantalones, y sobre todas las cosas tratándolo siempre como el ser humano que es, y merece ser.
Sin más, no da para más.

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