En vista y considerando el oasis de paz que me dió mi última acción terrorista frente a mi mentor, creador y calvo torturador, he decidido dejarlo en paz por esta semana y abordar otros temas que me quitan el sueño.
La verdad, y a modo de paréntesis, debo decirles que me preocupa este pelado, ya no me habla, no me pesca el imbécil, aplicó ley del hielo, para mi que algo se trae entre manos y la verdad tengo susto, temo por mi vida, pero en fin, son los gajes de ser un producto de la imaginación de alguien…Aun así, este no es el tema que nos congrega hoy.
Entre “granos de arena” y frases prefabricadas he ido viendo con espanto como muchas páginas se han vuelto en la panacea del lugar común, la comisura de lo políticamente correcto, o un simple vertedero de frases lindas pegadas con moco por el puro afán de crear falsas imágenes de nosotros mismos, en torno a quienes nos leen, o simplemente caer bien y generar confianza. ¿Cómo tan caraduras?
No me refiero a Ciudad Utopía (el proyecto en que participa este imbécil), o a otras voladas más existencialistas, sino a esos blogs que buscan generar espacios de comprensión y conversación, o peor aun, imbecilidades varias como proyectos a viva voz que hablan de cómo hacer un “Chile mejor”. Mi más amplio desprecio para todos ellos.
Porque tanta cizaña dirán ustedes, simple, dentro de los elementos con que el innombrable me dió al minuto de crear a este alter ego que les habla, me bendijo con dos cosas: sensatez y por sobre todas las cosas consecuencia.
La sensatez me permite hacer cosas sin mayores ambiciones que el entretenerme a mi mismo, y sin ese delirio de grandeza que tienen aquellos predicadores baratos que hablan de todo lo que hacen en alas de un mundo mejor.
Sensatez que me dice que todo aporte vale el doble si se hace con la boca cerrada, ya que al gritarlo a los 4 vientos se transforma en un acto interesado que sólo busca el bien propio en vez del bien común.
Consecuencia, ese valor que me lleva a mostrarme como un ser manchado de muchos defectos (todos gracias al subnormal de mi autor) y unas pocas virtudes (merito mío).
Soy ególatra, soy impulsivo, soy descriteriadamente frontal, soy odioso y tengo complejo de florero de meza, me gusta que esta página sea visitada y sí, me encanta que me comenten lo que escribo, no pretendo ser más, y menos tampoco, y al que le gusta bien, y al que no bien puede esperar sentadito a que cambie.
Los que conocen a este invento de la imaginación de otro, saben que pueden esperar transparencia ante todo.
Esa consecuencia me lleva a mostrarme así, sin inventarme una falsa imagen de ídolo con pies de barro que a la hora de sacar los dientes olvida por completo su autoimagen construida reemplazándola por aluciones monetarias, complejos de deidad, consejos baratos o bien apuntando desmesuradamente con el dedo a modo de prejuicio.
No soy hipócrita, me importa un soberano huevo caer en gracia y generar confianza en los demás a costa de imágenes de weon comprensivo y asertivo. Odio el doble estándar. Me descompone la hipocrecía.
¿Se preguntarán a que viene todo este monólogo? ¿Un nuevo mierdazo al pelado? No, esta semana ese imbécil puede dormir tranquilo, su obra intelectualoide no lo molestará. Esto está dirigido a otros.
Que se ponga el sayo a quien le quede. Lo que es yo, moriré de cualquier cosa, pero intentando ser un lugar común a ojos del resto, nunca.

El Chere, en tensionante calma.

P.D: La perrita Puchi hoy meó un sillón.

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